Cerámica precolombina

“Nos gusta la estética precolombina y revalorizamos esas tradiciones del continente… He estudiado las culturas precolombinas y tengo un aprecio por el desarrollo que tenían, por la cosmovisión, por el arte, por la sociedad”, cuenta Nicolás del Taller Imaymana durante la entrevista en Manos de Artesan@.

Junto a su compañera, Romina, empezaron a andar por este camino del barro hace unos seis años. Se formaron en cerámica precolombina con Daniel Vernier, que fue alumno de Carlos Moreira.

Imaymana viene del quechua y significa “multitud de cosas”. En el taller hacen diversas piezas, instrumentos en particular como trompetas moche, jarras silbadoras, flautas dobles, y también tienen utilitarios y accesorios.

“Apostamos por la autogestión. Cuesta porque uno tiene que aprender a desprenderse de un montón de cosas, de consumos, de gastos y hacer otras cosas al mismo tiempo. No es que exclusivamente se vive de la artesanía”, detalla Nicolás.

Con respecto a los materiales, trabajan con arcillas industriales pero también juntan arcillas de diversas canteras y las mezclan para buscar diferentes resultados. También van recolectando tierras de colores y haciendo pruebas de engobes, además de trabajar con pigmentos y óxidos. Por su acercamiento a la construcción natural, también se dedican a la construcción de hornos de barro.

“En principio buscábamos apegarnos a lo precolombino pero también nos dimos cuenta que teníamos que intentar desarrollar nuestro propio estilo, que se relaciona con nuestro modo de ver y de vivir la vida. Así que si bien las culturas precolombinas nos alimentan con su modo de vida y de arte, sabemos en dónde estamos enclavados y qué somos. Es por ello que tenemos una impronta precolombina pero también buscamos proyectar al presente: ampliamos nuestra paleta de colores, modificamos las formas y diversificamos la producción”, cuentan los artesanos.


A Romina y a Nicolás los conocimos en 
Epuyén durante el 26º Encuentro Provincial del Artesano. Les gustó tanto ese lugar que en un futuro piensan asentarse allí. “Es un pueblo hermoso, como El Bolsón hace 20 años atrás. Todavía es chiquito y grande al mismo tiempo. Es un lugar que tiene esa posibilidad de desarrollarse siendo artesano”, afirman.

En Buenos Aires, exhiben y venden sus piezas en la feria de San Isidro.

Escuchá la entrevista (Programa del 29 de Junio de 2015):

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